El Sueño y La Vigilia: El peso de la identidad
- Caminante
- hace 5 días
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Hay algo revelador con los sueños. Hace unos días tuve un sueño con emociones muy vívidas; la sensación quedó impregnada de forma nítida toda la mañana. Se sentía real. Me preguntaba qué diferencia había entre las emociones del sueño y las de la vigilia, y el motivo por el cual las primeras se diluyen con el tiempo sin esfuerzo, mientras las segundas parecen tan difíciles de soltar.
Al despertar, no volvemos a ocuparnos de lo ocurrido en el sueño, ni de sus personajes, ni de defendernos de lo que nos hicieron. Lo dejamos ir al reconocer su naturaleza ilusoria. Cuando alguien despierta, el escenario termina y deja de interactuar con las entidades que aparecían ahí.
La emoción en sí misma se percibe igual en ambos estados, tanto en la mente como en el cuerpo. La divergencia ocurre en la vigilia cuando surge una experiencia y la anclamos a una raíz de identidad. La damos por real y sólida. La traemos a la memoria, le damos energía y la confrontamos, volviéndola parte de nuestra historia personal y de lo que creemos ser. Así, un evento que pudo disolverse de manera natural se queda estancado como una pieza de nosotros mismos.
La distancia entre un sueño que se disuelve y una emoción que nos acompaña durante meses no radica en la intensidad de la experiencia, sino en nuestra insistencia en apropiarnos de ella tiempo después de que ya pasó.
Tal vez lo que llamamos realidad, incluido el "yo" que creemos ser, es también una apariencia dentro de la conciencia, un sueño que todavía no hemos reconocido como tal. Al retirar el peso de la identidad personal, la carga emocional pierde su anclaje y se desvanece por sí sola.
Llamado a la Acción:
Observa la incomodidad que te acompaña hoy y revisa si la estás sosteniendo al volverla parte de tu historia. Te invito a agendar una Sesión de Exploración para observar juntos este mecanismo de la mente y encontrar el espacio donde esa carga pueda finalmente disolverse.





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